Hola, Pasado.

Hoy tengo muchas ganas de enviarte este mensaje para poner en perspectiva “tu papel” en mi presente y la oportunidad de analizarte y aprovecharte en mi futuro.

Estoy convencido de que, como tiempo, exististe, fuiste y tuviste tu presente, y yo contigo la oportunidad de vivirte.
Tengo la fortuna de entender tu papel en mi vida: Primero, no recuerdo todas los sucesos, cosas, dolores, colores, sabores del pasado, porque no sabía que existías, tan siquiera. Batallé en mi niñez para aprender “el hoy, mañana, en la noche o pasado mañana. No me explicaron ni el ayer, ni el antier, o la semana pasada”.

Esto lo entiendo muy bien, porque en mi niñez solo había mañanas, otros días, después, etc. Como niño, ni idea tuve del significado de los tres tiempos: pasado, presente y futuro. Eso lo conocí cuando aprendí la conjugación de los verbos.

El pasado o los pasados tuvieron su momento exacto; acciones o emociones memorables, agradables o desagradables, olvidables, saboreables o amargables…pero, pero y pero… estoy calificando a esas acciones pasadas con el criterio desarrollado hasta el presente (que es ¡mi ahora!.)

Entonces, es cuando juzgo y sentencio a mi pasado…y todo esto lo hago en mi presente. Califico y emito juicios de valor a “ese pasado”, en lugar de analizar mi posibilidad de cambio. No alcanzo a darme cuenta de que tu eres la materia prima de mi oportunidad de mejora, de mi aprendizaje maduro y/o sabiduría futura. (Me da pena propia y ajena.)

¿Por qué los jóvenes batallan en su desarrollo?...porque no tienen pasado para compararse con el presente, ni con el futuro. Les hablamos del futuro, cuando ni siquiera les enseñamos qué hacer y lograr en el presente, apreovechando las experiencias vividas en su cortísimo pasado. Así es que quienes nos dedicamos a su formación y desarrollo debes tener cuidado para construir en el interior de esos jóvenes valentía para enfrentarse cada día con sus desconocimientos, impaciencias e intolerancias…ellos apenas están creciendo.

Querídisimo pasado: no sabes cuánto aprecio tu ocasional presencia. Gracias a ti, más a la suma de mis proyecciones al futuro, puedo vivir un presente ordenado y provechoso.

Te escribo estas líneas en el presente para que sigas iluminando el futuro de todos nosotros, y que no nos quejemos de lo que “vivimos en el ayer o en el antier”.

Hasta pronto.

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