Hola, Futuro:

Antier le escribí al Pasado, ayer al Presente; hoy te escribo a ti, mi ansiado, deseado y soñado Futuro.
Debo decirte, con honestidad querido Futuro, que sigues siendo una espera en mi interior y una probabilidad en mis estadísticas de años de vida; por otra parte, eres un prolongado regalo de mi Dios del Viento.

Explico por partes lo que ayer escribí sobre tí: “a esperar con paciencia…”
Para esto debo decirte que primero escribo en mi Modelo de Proyección de Vida (…es una hoja en Excel) lo que voy a lograr en una fecha específica, indicando las acciones claras que ejecutaré día tras día. Entonces, debo esperar con paciencia los resultados que me propuse alcanzar ejecutando las acciones previamente escritas… De antemano, se que si hago eso, los resultados se verán a tiempo.


Explico “el por qué de la esperanza…”
Porque esa esperanza es ACTIVA; es decir, que haciendo las cosas cada día llegarán los resultados. Antes decíamos: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Esto equivale a “hacer las cosas con una plegaria esperanzadora y acciones contundentes y perseverantes.”


Explico: “ y creatividad…”
En el presente se planea con previsión el objetivo y/o las metas. Se tiene que analizar todo para evitar que algo falle o pueda fallar. Así es que tengo que pensar de manera creativa para no desviarme de ello, o bien, cambiar de rumbo, pero no de metas.


Querido futuro, no llegas con regalos, ni con más salud, ni con más riquezas a nuestras vidas; nosotros llegamos a ti, porque venimos de un pasado convertido en un presente y tu llegada tan silenciosa como efímera desaparece para transformarte en un nuevo pasado.
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Eres más veloz que el viento, más efímero que el suspiro y tan difícil de detener como tan difícil es contener la lluvia que de nuestras nubes caen.


Hasta pronto.

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