11/4/16

Yo triunfador, ante la mediocridad me mantengo.

Cuando hablo de incomodidades personales debo confesar que la mediocridad es algo que no me gusta; sin embargo, cuando era un joven de 13 años fue una palabra que impactó mi vida. Recuerdo un pasaje de ese libro en donde el pesonaje iba cruzando un puente junto con su mentor. Se escuchaban lamentos. El mentor dice, "sigue caminando. Esos lamentos pertenecen a quienes tuvieron miedo de vivir...y se convirtieron en seres mediocres."

Desde joven aprendí el Valor de la Búsqueda Incesante por los más altos ideales del espíritu. Me enseñaron que lo primero que debería combatir en mi interior era la presencia de la mediocridad. Me sugirieron "huye, corre, no permitas que "ese ser" more en tu interior". 

Ya han pasado casi sesenta años de aquel aprendizaje. Ahora puedo afirmar que la mediocridad es un estado interior que habla de lo comodino que somos los seres humanos...vivimos en un estado de confort  terrible.

He visto cómo la mediocridad destruye talentos; cómo la mediocridad se alimenta de grandes sueños de otros, pero ella no crece, ni cambia, ni se transforma; al contrario, inmoviliza, paraliza y destruye. 

La mediocridad simplemente es eso: mediocridad sin color, ni aroma; sin dolor, ni gozo; sin esperanza, ni desesperación; sin pena, ni gloria.

La declaración de “Yo triunfador, ante la mediocridad, me mantengo” es la que recomiendo que repitas con el corazón y, por favor, combate ese terrible fantasma que se alimenta del espíritu entusiasta. 

Cuando la veas, huye, corre, no permitas que "ese ser" more en tu interir.

Hasta pronto.