El arbol de 1952 en el patio de nuestras casas.


Me escribió diciendo: “estoy en silencio, ya casi no bailo al compás del viento, ni murmullo alguno susurro”.

Vivo en silencio, vivo a solas, vivo de lluvias, vientos y recuerdos,  y,  de vez en cuando, de la mirada lejana de extraños que por la calle ocho pasan, frente a la casa.

Recuerdo a Chale, Caín, Johnny, Gasparín, Genarín y a ti Cuate. Recuerdo a Lula, Tonga, Tere, Silvia, Lupita, Magaly y Yolanda. Extraño sus gritos, sonrisas y algarabías.
Añoro, también, sus gritos de victorias y lloros de derrotas en sus juegos bajo mi sombra.

Estoy en silencio mas no abandonado, cuando el viento mece mis ramas alcanzo a acariciar la casa en donde vivia Don Genero y Doña Sarita con la gran familia que formaron. El único que cerca está es el hijo de ellos, ahora convertido en un gran emprendedor, un extraordinario hermano y un gran ser humano.

Afortundamente, sigo de pie. Vivo al ritmo de las cuatro estaciones.
Sé que me recuerdan. Yo los extraño.

El árbol de su niñez.

Hasta pronto.

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