6/10/18

Yo triunfador, ante la mediocridad me mantengo.


Cuando hablo de incomodidades personales debo confesar que la mediocridad es algo que me recuerda que es el primer destructor del talento.

Me enseñaron que lo primero que debería combatir en mi interior era la presencia de la mediocridad. Aprendí el valor de la búsqueda incesante por los más altos valores de espíritu del Hombre.

He visto cómo la mediocridad destruye talentos; cómo la mediocridad se alimenta de grandes sueños de otros, pero ella no crece, ni cambia, ni se transforma, al contrario, inmoviliza, paraliza y destruye.
La mediocridad simplemente es eso: mediocridad sin color, ni aroma; sin dolor, ni gozo; sin esperanza, ni desesperación; sin pena, ni gloria.

La declaración: “Yo triunfador, ante la mediocridad, me mantengo” es la que recomiendo que repitas con el corazón y, por favor, combate ese terrible fantasma que se alimenta del espíritu pusilánime de quienes no desean mejorar.

Hasta pronto.